martes, 20 de mayo de 2014

Inundaciones fruto del calentamiento global


Se cree que el trastorno y la intensificación del ciclo hidrológico de la Tierra son algunos de los efectos más importantes del cambio climático (White House 2000a). Es posible que los cambios ya se estén produciendo en las condiciones hidrológicas de América del Norte, tal cual quedó demostrado por el aumento en las precipitaciones medias anuales durante los últimos 30 años (véase el gráfico). En Estados Unidos, la cantidad promedio de humedad en la atmósfera aumentó en un 5 por ciento por decenio entre 1973 y 1993 (Trenberth 1999). La mayor parte del incremento se debe a sucesos de precipitaciones más intensas que produjeron inundaciones y tormentas (O’Meara 1997, Easterling y otros 2000).

Durante los decenios de los sesenta y setenta, más del 90 por ciento de los desastres naturales en Estados Unidos ocurrió por causa de fenómenos meteorológicos o climáticos extremos (Changnon y Easterling 2000). Las inundaciones son naturales y esenciales para la salud de las cuencas hidrográficas, pero pueden ser también destructivas y causar daños económicos (véase el recuadro). Como reacción a esos sucesos, Estados Unidos introdujo la Ley de Seguro Nacional de Inundación de 1968 y la Ley Federal de Ayuda (Disaster Relief Act) de 1974. Muchas de las responsabilidades separadas y fragmentadas de los programas paralelos en casos de desastre a nivel de estados y comunidades se concentraron en 1979 bajo la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA 1999). En 1975, Canadá introdujo el Programa de Reducción de Daños Causados por las Inundaciones y, en 1988, estableció la Defensa Civil de Canadá (EC 2000). Esos programas suministraron mejores medidas de mitigación, preparación, reacción y recuperación ante las inundaciones.

Las pruebas demuestran que las muertes y los daños causados por las inundaciones aumentaron marcadamente desde principios del decenio de los setenta (USGRP 2000). Un número mayor de personas y asentamientos están expuestos a las inundaciones debido al aumento y concentración de la población y el incremento en la prosperidad económica (Easterling y otros 2000). La tendencia de asentarse en zonas propensas a las inundaciones está también influenciada por una percepción de que el riesgo disminuyó gracias a estructuras protectoras tales como presas, diques y desvíos, y por la disponibilidad de socorro en casos de desastre (Brun y otros 1997, Bruce y otros 1999).




Las estructuras que evitan que los ríos se desborden a menudo provocan inundaciones tremendamente perjudiciales cuando finalmente el agua las vence (véase el recuadro). En el decenio de los noventa, Estados Unidos, que está sujeto a fenómenos meteorológicos más frecuentes y severos que Canadá, comenzó a alentar la adopción de enfoques no estructurales para la prevención de inundaciones tales como proyectos de reasentamiento y el restablecimiento de humedales. En Canadá, se ha puesto freno a los asentamientos en zonas propensas a las inundaciones por medio de la cartografía y designación de más de 320 áreas proclives a inundarse (EC 1998b). Canadá estableció la Oficina de Protección de Infraestructuras Esenciales y de Protección Civil en 2001 con el fin de elaborar e implementar un enfoque más integral para la prevención de desastres (OCIPEP 2001).

De acuerdo con algunos modelos de cambio climático, se pronostica el aumento de la magnitud, frecuencia y costo de los fenómenos hidrológicos extremos en algunas regiones de América del Norte (USGCRP 2000). Los efectos previstos del cambio climático incluyen los cambios en El Niño. Se cree que El Niño singularmente intenso de 1997-98 es responsable de las graves inundaciones en Florida, California, algunos estados de la región central de Estados Unidos y partes de Nueva Inglaterra (Trenberth 1999). En los lugares donde las lluvias torrenciales se intensifican y aumentan las inundaciones, existen mayores posibilidades de que resulten damnificados los asentamientos en zonas bajas y las instalaciones portuarias y de amarre, y además de que los problemas con la distribución del agua y los sistemas de alcantarillado tengan repercusiones en la salud (EC 1999a).

La Comisión Mixta Internacional asiste a ambos gobiernos en la gestión de las aguas compartidas. En un informe sobre la inundación de 1997 del río Rojo, se advertía que, dado el inminente aumento de las inundaciones por causa del cambio climático, debería elaborarse e implementarse una estrategia integral y binacional (IJC 2000).


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